A/B test
Prueba A/BLanzar dos versiones para ver con datos cuál funciona mejor, en lugar de adivinar.
200 términos de marketing, publicidad y ventas explicados sin tecnicismos, para que entiendas lo que te dicen y decidas con datos.
Busca un término o elige una letra. Si no está el que necesitas, escríbenos y lo traducimos.
Lanzar dos versiones para ver con datos cuál funciona mejor, en lugar de adivinar.
Lo que se ve de tu web sin tener que bajar. Ahí se gana o se pierde la atención.
Una experiencia en vivo para que la gente conozca y pruebe tu marca.
Campañas donde Meta decide casi todo: a quién, dónde y con qué anuncio. Funcionan si le das buenas señales.
Preparar tu contenido para que asistentes como Siri, Alexa o Google te usen como la respuesta.
Cuántas personas distintas vieron tu anuncio.
Las reglas con que cada red decide qué le muestra a cada persona.
La tecnología con la que Meta decide qué anuncio mostrarle a cada persona. Premia la variedad de mensajes, no la cantidad de anuncios.
Un anuncio que cambia solo según quién lo ve, por ejemplo con el producto que miró.
Lo mismo que el píxel, pero enviado desde tu servidor: más preciso y no lo bloquean los navegadores.
La personalidad de tu marca, basada en figuras universales como el sabio, el héroe o el explorador.
Saber qué anuncio o canal merece el crédito de una venta.
Mensajes y tareas que salen solos cuando pasa algo, como un correo de bienvenida al registrarse.
El documento que exige la ley en México para explicar qué haces con los datos de las personas.
Cuando le vendes a otras empresas.
Cuando le vendes directo a personas.
Un link desde otra página hacia la tuya. Los buenos suman confianza ante Google.
Mirar qué hace la competencia o el mercado para tener contra qué medirte.
Estudiar lo que hacen tus competidores para encontrar dónde ganarles.
La parte de abajo del embudo: gente a punto de decidir y comprar.
El porcentaje de gente que entra a tu web y se va sin hacer nada.
Cuánta gente sabe que existes y te tiene en mente.
Lo que vale tu marca en la mente del cliente: por qué paga más por ti que por otro.
La forma en que habla tu marca: las palabras, el tono y la actitud.
Todo lo que hace que tu marca se reconozca y se prefiera: lo que dice, cómo se ve y cómo se siente.
El documento con lo que se necesita, para quién, para cuándo y con qué objetivo.
El fin de semana de ofertas más grande de México, cada noviembre.
El retrato de la persona a la que quieres venderle: qué quiere, qué le preocupa y cómo decide.
Todo lo que gastas, anuncios, equipo y herramientas, dividido entre los clientes nuevos que conseguiste.
El plan de qué se publica, cuándo y dónde.
Darle una calificación a cada prospecto para saber a quién atender primero.
Un conjunto de anuncios con un mismo objetivo y presupuesto.
Cuando alguien mete productos al carrito y se va sin pagar.
Un post que se desliza de lado, ideal para explicar algo paso a paso.
La historia de un cliente con el problema, lo que se hizo y los resultados.
La lista de tus productos conectada a Meta o Google para crear anuncios automáticos.
Un programa que responde mensajes en WhatsApp o en tu web mientras tu equipo duerme.
La parte de tu tienda donde el cliente paga. Si es complicada, pierdes ventas.
El porcentaje de clientes que dejan de comprarte o cancelan.
Las etapas que vive tu cliente antes de comprar: darse cuenta, investigar, comparar y decidir.
El momento de la venta en que el cliente dice que sí.
Un anuncio que, al tocarlo, abre una conversación de WhatsApp con tu negocio.
El sistema para editar tu web sin programar, como WordPress o Shopify.
La persona que publica, responde y cuida la conversación de tu marca en redes.
El nivel donde se define a quién, cuándo y con cuánto dinero se muestran tus anuncios.
Publicaciones que le sirven a tu cliente aunque no te compre hoy: enseñan, resuelven o inspiran.
Publicar contenido útil de forma constante para atraer y convencer a tu cliente.
Cuando alguien hace lo que buscabas: comprar, agendar, registrarse o escribirte.
Avisarle a Meta o Google qué prospectos sí compraron, aunque la venta se cerrara por teléfono o en persona.
Las palabras del anuncio o de la web, escritas para que la gente actúe.
Las medidas de Google sobre qué tan rápido y estable carga tu web.
Lo que te cuesta lograr la acción que buscas: una venta, una cita o un registro.
Lo que pagas cada vez que alguien le da clic a tu anuncio.
Lo que te cuesta cada persona que deja sus datos o te escribe.
Lo que pagas para que tu anuncio aparezca mil veces en pantalla.
La imagen o el video que la gente ve en el anuncio.
El sistema donde vive cada prospecto y cliente: quién es, qué pidió y en qué paso va.
Mejorar tu web o landing para que más visitantes hagan lo que buscas, sin gastar más en anuncios.
Ofrecer algo que complementa lo que ya compró, como papas con la hamburguesa.
El botón o la frase que le dice a la persona qué hacer ahora: agenda, escribe, compra.
De cada cien personas que ven tu anuncio, cuántas le dan clic.
Todo el camino de tu cliente, desde que tiene la necesidad hasta que te recomienda.
Una marca que vende sin intermediarios, normalmente en línea.
Una pantalla con tus números más importantes, al día y en un solo lugar.
Tomar decisiones con números en lugar de corazonadas.
La dirección de tu web, como tuempresa.com. Siempre debe estar a tu nombre.
Vender por internet desde tu propia tienda en línea.
Mensajes por correo a tu base de contactos para informar, educar o vender.
El camino de una persona desde que te conoce hasta que te compra.
Los pasos que lleva a un prospecto desde el primer contacto hasta la venta cerrada.
Cuánto se mueve la gente con tu contenido: likes, comentarios, guardados y compartidos. Ojo: un like no paga la renta.
Meter más presupuesto a lo que ya funciona sin que se dispare el costo por cliente.
Las temporadas en que tu negocio vende más o menos, como Buen Fin o Navidad.
Una acción que el píxel registra: ver una página, registrarse o comprar.
Contenido que sigue sirviendo meses o años después de publicarse.
Los primeros días de una campaña en que la plataforma prueba a quién mostrarla. Moverle mucho la reinicia.
Cuando la gente ya vio tanto tu anuncio que deja de funcionar.
Lo que cobra la agencia por su trabajo. No incluye lo que se paga en anuncios.
La información de tus clientes que tú mismo juntaste: correos, compras, WhatsApp. Vale oro.
Fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de tu negocio en una sola hoja.
Una estimación de cuánto vas a vender en los próximos meses.
Cuántas veces, en promedio, vio tu anuncio cada persona.
Preparar tu marca para que ChatGPT, Gemini o Perplexity te recomienden cuando alguien les pregunta.
El plan para lanzar un producto: a quién, con qué mensaje, por qué canal y a qué precio.
Pagar para aparecer arriba cuando alguien busca lo que vendes, o en YouTube y otros sitios.
La herramienta gratuita de Google para saber quién entra a tu web y qué hace.
Tu ficha en Google Maps: horario, reseñas, fotos y cómo llegar. Para muchos negocios es su primera vitrina.
La herramienta para instalar píxeles y códigos de seguimiento sin tocar tu web.
Probar, medir y repetir lo que hace crecer el negocio, no solo las redes.
Una palabra con # que agrupa publicaciones de un mismo tema. Hoy pesa menos de lo que se cree.
Los primeros segundos o la primera frase que hacen que alguien se detenga a ver tu anuncio.
El servidor donde vive tu página web.
La temporada de descuentos en línea más grande de México, cada mayo o junio.
Todo lo que se ve de tu marca: logo, colores, tipografías, fotos e íconos.
Un pago mensual fijo para que la agencia trabaje contigo de forma continua.
Cuántas veces apareció tu anuncio, aunque sea la misma persona varias veces.
Atraer clientes con contenido útil para que ellos te busquen a ti, en lugar de perseguirlos.
Que Google ya tenga registrada tu página para poder mostrarla en sus resultados.
Una persona con seguidores que recomienda productos o servicios.
Una verdad del cliente que nadie le había dicho en voz alta y que le hace decir: así me pasa.
Herramientas que escriben, crean imágenes o analizan datos. Aceleran el trabajo, pero no reemplazan el criterio.
Lo que la gente escribe en Google cuando busca algo como lo tuyo.
El número que se revisa para saber si vas bien. Pocos y claros, no veinte.
Una página con un solo objetivo, a la que llega la gente desde un anuncio.
Una persona que levantó la mano: dejó sus datos o te escribió.
Algo útil que regalas a cambio de los datos de contacto: una guía, una clase o un diagnóstico.
Que tu cliente te prefiera una y otra vez, aunque haya otras opciones.
Tu base de contactos que aceptaron recibir tus correos. Es tuya, no de una red social.
Video en tiempo real en redes, para platicar o vender con tu audiencia al momento.
Búsquedas largas y específicas, como "dentista infantil en Querétaro sábado". Menos gente, pero más lista para comprar.
Le pides a Meta que encuentre gente parecida a tus mejores clientes.
Lo que te deja un cliente durante todo el tiempo que te sigue comprando.
El documento técnico con las reglas de uso de tu logo, colores y tipografías.
Una imagen que muestra dónde hace clic y hasta dónde baja la gente en tu web.
Lo que te queda de cada venta después de pagar el costo del producto.
Producto, precio, plaza y promoción: las cuatro palancas básicas del marketing.
Plataformas como Amazon o Mercado Libre donde muchos vendedores ofrecen sus productos.
La persona que configura, optimiza y administra tus anuncios.
La plataforma para pautar en Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp.
La parte media del embudo: gente que ya te conoce y te está comparando.
El instante en que el cliente decide si te compra o no.
Un prospecto que ya mostró suficiente interés para que valga la pena darle seguimiento.
Lo que entra cada mes de forma fija por suscripciones o igualas.
La versión más sencilla de un producto para probar si alguien lo quiere antes de invertir más.
El proceso de crear el nombre de una marca o producto.
Un grupo específico de clientes con una necesidad muy clara.
Una calificación de qué tanto te recomendarían tus clientes, del 0 al 10.
Mantener el contacto con quien todavía no está listo para comprar, con contenido útil, hasta que lo esté.
La razón que da el cliente para no comprar todavía: precio, tiempo, confianza.
Lo que le pides a Meta o Google que busque: alcance, tráfico, mensajes o ventas.
Competir donde casi nadie más está, en lugar de pelear por precio donde todos compiten.
Un mercado saturado donde todos ofrecen lo mismo y se pelean por precio.
Una oferta tan clara y valiosa que decir que no se siente como perder.
Una forma de fijar metas: qué quieres lograr y con qué números lo vas a medir.
Que tu cliente tenga la misma experiencia en la tienda, la web, WhatsApp y redes.
Lo que llega sin anuncios: publicaciones, búsquedas en Google o recomendaciones.
Salir a buscar al cliente: llamadas, correos en frío, anuncios o visitas.
Que una parte del pago dependa de los resultados que se logran.
El dinero que pagas a Meta o Google para mostrar tus anuncios. Es aparte de lo que cobra la agencia.
El tiempo que tardas en recuperar lo que te costó conseguir un cliente.
Marketing que se mide por acciones concretas: leads, ventas o citas.
Campañas que muestran tus anuncios en todo Google: búsqueda, YouTube, Maps y más.
Los grandes temas que tu marca siempre toca, para no publicar al azar.
La lista de oportunidades abiertas y en qué etapa va cada una.
Cambiar el enfoque del negocio o de la marca para atacar mejor el mercado.
Un código en tu web que le avisa a Meta quién vio, escribió o compró, para mostrar tus anuncios a gente parecida.
El lugar que ocupa tu marca en la cabeza del cliente frente a la competencia.
Lograr que medios y personas influyentes hablen de tu marca sin pagar un anuncio.
Cuando tu producto resuelve tan bien un problema que la gente lo compra y lo recomienda solo.
Lo que le escribes a una inteligencia artificial para que haga algo.
Lo que ganas tú, cliente, al elegir esta marca, dicho en una frase clara.
Mostrar que otros ya te eligieron: reseñas, casos y testimonios.
Lo que necesitas vender para no perder ni ganar.
Gente que ya te conoce o ya interactuó contigo.
Gente que todavía no te conoce.
Una lista de gente que ya te conoce: visitantes de tu web, clientes o seguidores.
La prueba de que tu promesa es cierta.
Cambiar o actualizar tu marca porque ya no refleja lo que eres o a quién le vendes.
Video vertical de pocos segundos en Instagram o Facebook, el formato que más alcance da hoy.
Clientes que te traen nuevos clientes. El canal más barato y el que más convierte.
Volver a mostrarle tus anuncios a quien ya visitó tu web o tus redes y no compró.
Que tu web se vea y funcione bien en celular, tablet y computadora.
Cuántos clientes se quedan contigo y te vuelven a comprar.
Cuántos pesos regresan en ventas por cada peso que pones en anuncios.
Cuánto ganaste de verdad después de restar todo lo que invertiste.
Lo que la persona de verdad quiere cuando busca: aprender, comparar o comprar.
Una serie de correos que salen solos, en orden, después de que alguien hace algo.
A quién le enseñas tu anuncio: edad, zona, intereses o comportamiento.
Volver a contactar a un prospecto que no ha decidido. La mayoría de las ventas se cierran aquí.
Anuncios pagados en Google para aparecer cuando alguien busca lo que vendes.
Trabajar tu web para que aparezca más arriba en Google sin pagar por cada clic. Hoy convive con AEO y GEO, que buscan lo mismo en asistentes e inteligencia artificial.
Aparecer en Google y en Maps cuando alguien busca lo que vendes cerca de donde está.
Que otros sitios hablen de ti y te enlacen, para que Google te tome en serio.
Ajustar títulos, textos e imágenes de tu web para que Google entienda de qué trata.
Que tu web cargue rápido, se vea bien en celular y Google la pueda leer sin trabas.
La página que te muestra Google después de buscar algo.
Qué tanto se habla de tu marca comparado con tu competencia.
La frase corta que acompaña a tu marca y resume lo que prometes.
Monitorear qué se dice de tu marca, tu competencia o tu industria en redes.
Qué tan rápido contestas a un prospecto. Cada minuto que tardas, se enfría.
Un prospecto listo para hablar con un vendedor: tiene la necesidad, el presupuesto y la decisión.
Publicación que dura 24 horas en Instagram, Facebook o WhatsApp.
Comunicar con una historia en vez de una lista de características.
De cada cien personas que llegan, cuántas hacen lo que buscabas.
Productos o servicios caros que requieren más confianza y más tiempo para venderse.
Lo que gasta en promedio cada cliente por compra.
La parte de arriba del embudo: gente que apenas te está conociendo.
Ser la primera marca que alguien piensa cuando necesita lo que vendes.
Cada momento en que el cliente tiene contacto con tu marca: un anuncio, tu web, una llamada.
La gente que llega a tu web o a tu perfil.
Fotos, videos y reseñas que hacen tus clientes, no tu marca. Convence más porque no es publicidad.
Lo que cuesta conseguir un cliente contra lo que te deja. Si no cuadra, ningún anuncio lo arregla.
Ofrecerle al cliente una versión más completa de lo que ya va a comprar.
La razón concreta por la que te deberían elegir a ti y no a otro.
Un pedacito que se agrega al link para saber de qué anuncio o red llegó cada visita.
Qué tan fácil y agradable es usar tu web o app.
Cuando un contenido se comparte solo y explota en alcance. Llama la atención, pero no garantiza ventas.
Una clase en vivo por internet, muy usada para educar y luego vender.
La versión de WhatsApp para negocios, con catálogo, respuestas rápidas y etiquetas.
Cuando la gente encuentra la respuesta en Google o en una IA y ya no entra a ninguna web.
No encontramos ese término. Escríbenos y lo traducimos para ti.
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Hacer contactoEn una sesión sabrás qué ruta necesita tu marca. Entenderás tu marketing y verás la ruta antes de contratar.
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